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Familia

¿Cuánto conoces a tu familia? 60 preguntas para el almuerzo del domingo

La mayoría de las familias sabe muchísimo de la rutina de los demás y muy poco de su historia. Las preguntas que abren esa diferencia no son las íntimas: son las concretas sobre el pasado, porque nadie tiene que exponerse para responderlas.

Equipo Editorial 100 Aventuras7 de agosto de 202611 min de lectura
Tres generaciones de una familia alrededor de la mesa después del almuerzo, una abuela contando algo y los demás escuchando con atención

Una familia puede compartir treinta años de almuerzos de domingo y no saber en qué trabajaba el abuelo antes de pensionarse, ni cómo se conocieron los papás, ni qué quería estudiar la mamá y por qué no lo hizo.

No es descuido. Es que esas conversaciones no aparecen solas: la sobremesa se llena de pendientes, de noticias y de lo que pasó esta semana. Para que aparezcan hay que preguntar, y para preguntar hay que tener la pregunta a la mano.

"¿Cuánto conoces a tu familia?" es, al mismo tiempo, una pregunta y un juego: un formato de preguntas por turnos en el que cada persona cuenta algo concreto de su propia historia y los demás descubren lo que no sabían, o intentan adivinarlo antes de oír la respuesta. Se puede jugar con un mazo de cartas pensado para eso o con una lista como la de abajo.

¿Por qué cuesta tanto conversar en familia?

Por tres motivos que se refuerzan entre sí.

El primero es que la familia asume que ya se conoce. Con la pareja uno sabe que hay que preguntar; con un hermano se da por hecho que no hace falta.

El segundo es que las preguntas abiertas se sienten raras en un contexto donde nunca se hicieron. "¿Cómo estás realmente?" en una mesa donde siempre se habló del trancón suena a que algo pasa.

El tercero es que los roles pesan. Es más difícil preguntarle algo personal a un padre que a un amigo, porque el rol viene con un guion.

Una pregunta escrita, venida de afuera, resuelve los tres: nadie la eligió, así que nadie tiene que justificar por qué preguntó. Por eso el formato de juego funciona mejor que la buena intención.

20 preguntas para la sobremesa

Livianas, concretas y sobre el pasado. Empieza por aquí: las preguntas de hechos abren mucho más que las de sentimientos.

  1. ¿Cuál es tu recuerdo más antiguo?
  2. ¿Cómo era la casa donde creciste?
  3. ¿Qué hacías los domingos cuando tenías diez años?
  4. ¿Cuál fue tu primer trabajo y cuánto duraste?
  5. ¿Qué canción te recuerda a tu adolescencia?
  6. ¿Quién era tu mejor amigo a los quince y qué fue de él?
  7. ¿Cuáles fueron las mejores vacaciones de tu vida?
  8. ¿Qué te daba miedo de niño?
  9. ¿Cómo se llamaba tu profesor favorito?
  10. ¿Cuál fue la primera película que viste en un teatro?
  11. ¿Qué te cocinaba tu mamá o tu abuela?
  12. ¿Cuál fue el viaje más largo que hiciste?
  13. ¿Qué querías ser cuando grande?
  14. ¿Qué fue lo primero que compraste con plata tuya?
  15. ¿Cómo era el barrio donde vivías?
  16. ¿Qué apodo tenías y quién te lo puso?
  17. ¿Cuál fue tu peor corte de pelo?
  18. ¿A qué jugabas en el descanso?
  19. ¿Cuál fue tu primer concierto?
  20. ¿Qué animal tuviste y cómo se llamaba?

20 preguntas para los abuelos y los papás

Las más valiosas y las que menos se hacen a tiempo.

  1. ¿Cómo se conocieron ustedes dos?
  2. ¿Qué pensaste la primera vez que lo o la viste?
  3. ¿Cómo era tu papá contigo?
  4. ¿Qué fue lo que más te costó de criar hijos?
  5. ¿Hubo algo que quisiste estudiar y no pudiste?
  6. ¿Cuál fue la decisión más difícil que tomaste?
  7. ¿De qué época de tu vida te acuerdas con más cariño?
  8. ¿Qué hiciste de joven que hoy no harías?
  9. ¿Cómo era la ciudad cuando llegaste?
  10. ¿Qué historia de la familia crees que se va a perder?
  11. ¿De dónde viene nuestro apellido?
  12. ¿Alguien de la familia tuvo que irse del pueblo o del país? ¿Por qué?
  13. ¿Qué objeto de la casa tiene una historia?
  14. ¿Qué aprendiste tarde y te habría servido antes?
  15. ¿Qué te habría gustado que te preguntaran?
  16. ¿En qué te pareces a tu mamá?
  17. ¿Cuál fue el año más difícil?
  18. ¿Qué es lo que más te enorgullece?
  19. ¿Qué consejo te dieron que sí funcionó?
  20. ¿Qué te gustaría que recordáramos de ti?

La última de esta lista es incómoda de leer y es la que más agradecen las familias que la hicieron. La ventana para hacerla no dura para siempre.

20 preguntas para hacer con niños

Funcionan porque los niños responden en serio y sin filtro, y porque obligan a los adultos a responder al mismo nivel.

  1. ¿Qué es lo más chévere que hiciste esta semana?
  2. Si pudieras cambiar una regla de la casa, ¿cuál sería?
  3. ¿Qué crees que hago yo en el trabajo?
  4. ¿Cuál es tu lugar favorito de la casa?
  5. ¿Qué superpoder escogerías?
  6. ¿Qué te da rabia?
  7. ¿Quién te hace reír más?
  8. ¿Qué te gustaría hacer el próximo fin de semana?
  9. ¿Qué es lo más rico que has comido?
  10. Si mandaras tú un día entero, ¿qué haríamos?
  11. ¿Qué te da miedo?
  12. ¿En qué eres bueno?
  13. ¿Qué te gustaría aprender?
  14. ¿Cómo era yo de chiquito, según lo que te han contado?
  15. ¿Qué es lo mejor de tener hermanos?
  16. ¿Qué le preguntarías a la abuela?
  17. ¿Cuál es tu mejor recuerdo con nosotros?
  18. ¿Qué te gustaría que hiciéramos más seguido?
  19. ¿Qué cosa nunca te he preguntado?
  20. ¿Qué es lo que más te gusta de esta familia?

¿Qué preguntas sirven entre hermanos y primos?

Entre hermanos el problema es el contrario que con los abuelos: se conocen tanto de niños que dejan de preguntarse como adultos. El hermano sigue siendo, en la cabeza de todos, el de quince años, aunque ya tenga cuarenta, hijos y un trabajo que nadie en la mesa sabe explicar bien.

  1. ¿Qué recuerdas de la casa que yo ya olvidé?
  2. ¿Qué castigo te pareció más injusto y nunca lo dijiste?
  3. ¿En qué momento sentiste que ya no éramos niños?
  4. ¿Qué haces en el trabajo un día normal, de verdad?
  5. ¿Qué te preocupa este año que no le has contado a nadie de aquí?
  6. ¿Qué crees que heredaste de cada uno de los papás?
  7. ¿Qué paseo de la familia recuerdas distinto a como lo cuentan?
  8. ¿Qué te gustaría que hiciéramos juntos antes de que los papás estén más viejos?
  9. ¿Qué es lo que más te costó cuando te fuiste de la casa?
  10. ¿Qué de mí te sorprendió cuando fuimos grandes?

Con primos sirven las mismas, cambiando la casa por la finca, el pueblo o la casa de la abuela donde se juntaban en diciembre.

¿Qué preguntarle a la familia de tu pareja cuando la estás conociendo?

Es la otra mitad de "conocer a la familia", y la más nerviosa: el primer almuerzo con los suegros, la primera novena en su casa, el paseo con los cuñados. Ahí no sirven las preguntas profundas; sirven las que dejan hablar al otro de lo que le gusta contar.

  1. ¿Cómo era su hijo o su hija de chiquito?
  2. ¿De dónde es la familia, antes de llegar a esta ciudad?
  3. ¿Qué plato no puede faltar en esta casa en diciembre?
  4. ¿Cómo se conocieron ustedes?
  5. ¿Qué paseo familiar recuerdan todos?
  6. ¿Quién cocina mejor en la familia y qué hace?
  7. ¿Qué música se oía en esta casa cuando los hijos eran chiquitos?
  8. ¿Qué trabajo tuvo usted que más le gustó?

Funcionan porque piden historias, no opiniones, y porque cualquier familia disfruta contarle a alguien nuevo lo que los suyos ya se saben de memoria. Una regla de prudencia: en esa mesa se pregunta por el pasado y por los gustos, no por plata, política ni por las exparejas de nadie.

¿Cómo se juega "¿Cuánto conoces a tu familia?" como juego de mesa?

Las preguntas sueltas sirven para una sobremesa tranquila. Cuando hay niños, primos o un grupo grande, conviene darles forma de juego, porque las reglas hacen lo que la buena intención no logra: que todos participen y que nadie acapare.

Una forma de jugarlo que funciona con cualquier mazo o con las preguntas de esta página:

  1. Se reparten los turnos en ronda. En cada turno, una persona saca una pregunta y la responde sobre sí misma.
  2. Antes de responder, los demás apuestan. Cada uno dice en voz alta, o escribe en un papel, lo que cree que va a contestar. "¿Cuál fue tu primer trabajo?" dicho por la abuela y adivinado por los nietos es la mitad de la gracia.
  3. Se responde con la historia, no con el dato. La regla de la mesa es que la respuesta dure más que una palabra. Si la abuela dice "vendía arepas", alguien pregunta dónde, con quién y cuánto duró.
  4. Punto para quien acertó. Y un punto para quien respondió, si contó algo que nadie en la mesa sabía. Es el punto que más se celebra.
  5. Se juega hasta que alguien tenga cinco puntos o hasta que se acabe el tinto. Lo que pase primero. Terminar con ganas es lo que hace que el juego vuelva a salir el domingo siguiente.

El sistema de apuestas cambia todo: obliga a los que escuchan a pensar en la otra persona antes de oírla, y eso es exactamente lo que el juego viene a entrenar. Descubrir que nadie en la mesa sabía de qué trabajaba el abuelo a los veinte años es la jugada más valiosa de la noche.

¿Qué variantes funcionan según quién esté en la mesa?

La misma mecánica se ajusta a quien esté sentado ese día:

Quién juegaQué ajustarQué preguntas usar
Con niños chicosSin puntos, o con puntos para todos. Turnos muy cortosLas de niños y las livianas de la sobremesa
Con adolescentesQue ellos también pregunten a los adultos, no sólo al revésLas de sobremesa sobre la adolescencia de los papás
Con abuelosMenos ronda y más escucha: una o dos preguntas pueden llenar la tardeLas de abuelos y papás
Almuerzo grande de diciembrePor equipos, una familia contra otra, adivinando sobre los tíosMezcla de todas, de a una por turno
A distanciaPor videollamada: uno lee, los demás escriben la apuesta en el chatLas de sobremesa y las de hechos del pasado

La versión por equipos es la que mejor aguanta una casa llena en temporada de novenas, porque convierte a los primos que no se hablan hace un año en aliados de la misma mesa.

¿Mazo de cartas o preguntas en un papel?

Las preguntas de esta página alcanzan para varias sobremesas. El mazo resuelve otra cosa: está a la vista, cualquiera lo puede sacar sin anunciar "vamos a hablar" y nadie tiene que elegir la pregunta, que es justo lo que hace que un tío reservado se anime a responder.

Si el juego va a salir en paseos y almuerzos largos, un mazo de bolsillo como ¿Conoces a tu familia? evita tener que imprimir listas. Si lo que quieres es sentarte con tu papá a que cuente su vida, Cuéntame tus historias está hecho sólo para eso: preguntas de infancia, vida adulta y reflexión, ordenadas para que la conversación vaya subiendo.

¿Cómo usarlas sin que parezca interrogatorio?

Cuatro reglas que hacen la diferencia:

  • Tres preguntas, no veinte. Una sesión corta deja ganas; una larga se siente examen.
  • El que pregunta también responde. Sin esto es un interrogatorio, no una conversación.
  • Se puede pasar. Que quede dicho antes de empezar: cualquiera puede saltarse una pregunta sin dar explicaciones. Saber eso hace que casi nadie lo use.
  • No corregir el relato. Si alguien recuerda mal una fecha, no importa. Corregir mata la historia y quien la contaba no vuelve a contar otra. Esto es escucha activa aplicada a la mesa familiar.

¿Y si nadie quiere participar?

Empieza con una sola persona y con las preguntas de hechos, nunca con las de sentimientos. "¿Cómo era la casa donde creciste?" no amenaza a nadie, y suele desembocar sola en algo más profundo veinte minutos después.

Otra vía que funciona: pídelo como favor, no como actividad. "Quiero anotar algunas cosas para que no se pierdan" convence a mucha gente que se resistiría a "vamos a jugar".

Y si funciona, anota. Una libreta o el celular grabando convierte la sobremesa en un álbum de recuerdos que en diez años va a ser irremplazable.

Si prefieren un formato ya armado que proponga las preguntas por ustedes, las opciones están en juegos para familia y en la colección de regalos para la familia. Y si lo que buscan son actividades en vez de conversación, están en 100 actividades en familia.

Preguntas frecuentes

¿Qué preguntas hacer para conocer mejor a mi familia?

Conviene partir por preguntas concretas sobre el pasado —cómo era la casa donde creció, cuál fue su primer trabajo, qué hacía los domingos— y no por preguntas sobre sentimientos. Las de hechos no exigen exponerse y suelen desembocar solas en algo más profundo.

¿Por qué funciona mejor un juego que preguntar directamente?

Porque la pregunta viene de afuera y nadie la eligió, así que nadie tiene que justificar por qué la hizo. En una familia los roles pesan: es más difícil preguntarle algo personal a un padre que a un amigo, y un formato externo quita ese peso.

¿Qué preguntas hacerle a un abuelo antes de que sea tarde?

Las de origen e historia familiar: cómo se conocieron sus padres, de dónde viene el apellido, si alguien tuvo que irse del pueblo o del país y por qué, qué objeto de la casa tiene una historia, y qué le gustaría que recordaran de él.

¿Funcionan estas preguntas con niños?

Muy bien, porque los niños responden sin filtro y obligan a los adultos a responder al mismo nivel. Las que mejor funcionan son las concretas y las hipotéticas: qué superpoder escogerían, qué haríamos si mandaran ellos un día entero.

¿Conviene corregir a alguien que recuerda mal una historia?

No. Corregir una fecha o un detalle mata el relato y quien lo contaba tiende a no contar otro. El valor de la sobremesa está en que la historia salga, no en que sea exacta.

¿Cómo se juega a «Cuánto conoces a tu familia»?

Por turnos: una persona saca una pregunta y la responde sobre sí misma, pero antes los demás apuestan qué va a contestar. Gana un punto quien acierta y otro quien cuenta algo que nadie en la mesa sabía. Se juega hasta cinco puntos o hasta que la conversación pida quedarse en una sola historia.

¿Desde qué edad pueden jugar los niños?

Desde que pueden sostener un turno de conversación, más o menos en edad escolar. Con niños chicos conviene jugar sin puntos o con puntos para todos, usar preguntas concretas y cortar la ronda antes de que se aburran.

¿Se puede jugar a distancia con la familia que vive en otra ciudad?

Sí, por videollamada. Una persona lee la pregunta, los demás escriben su apuesta en el chat antes de oír la respuesta y después se comparan. Funciona mejor con preguntas de hechos del pasado que con preguntas de sentimientos.

¿Qué preguntas hacerle a un hermano que ya es adulto?

Las que actualizan la imagen que quedó de la infancia: qué hace de verdad en su trabajo, qué le preocupa este año, qué recuerda de la casa que tú olvidaste o qué castigo le pareció injusto. Entre hermanos se deja de preguntar justo porque se cree que ya se sabe todo.

¿Qué preguntarles a los suegros en el primer almuerzo?

Preguntas que pidan historias y no opiniones: cómo era tu pareja de chiquito, de dónde viene la familia, qué plato no falta en diciembre o cómo se conocieron ellos. Conviene evitar plata, política y exparejas, y dejar que cuenten lo que les gusta contar.

¿Sirve el juego en una novena o en el almuerzo de diciembre?

Sí, y es uno de los mejores momentos porque la casa está llena y hay tiempo de sobra. Con muchos invitados funciona mejor por equipos, una rama de la familia contra otra, adivinando datos de los tíos y los abuelos, con una pregunta por turno.

Equipo Editorial 100 Aventuras

Redacción

Equipo editorial de 100 Aventuras. Escribimos sobre vida en pareja, familia y regalos que generan una experiencia en vez de un objeto.

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