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Familia

Juegos para jugar en familia: los que aguantan primos, abuelos y niños en la misma casa

El problema de un juego en familia casi nunca es que sea aburrido: es que deja a alguien afuera. El que lee lento, el que no oye bien, el que tiene seis años y el que tiene setenta rara vez caben en la misma partida, y ahí se acaba la tarde.

Equipo Editorial 100 Aventuras26 de agosto de 20266 min de lectura
Abuela, dos niños y dos adultos alrededor de la mesa del comedor en un apartamento de Medellín, jugando una tarde de lluvia

El problema de un juego en familia casi nunca es que sea aburrido: es que deja a alguien por fuera. El que lee lento, el que no oye bien, el que tiene seis años y el que tiene setenta rara vez caben en la misma partida, y cuando uno de ellos se levanta de la mesa, se levantan todos. Un buen juego familiar es el que se puede jugar sin que nadie tenga desventaja por su edad.

Eso es lo que distingue a un juego para toda la familia de un juego de mesa cualquiera: no depende de la memoria, la lectura rápida ni la estrategia acumulada, sino de opinar, adivinar o contar algo. Ahí la abuela juega en igualdad de condiciones con el nieto, y esa igualdad es lo que sostiene la partida.

¿Qué hace que un juego funcione con toda la familia junta?

Cinco criterios. Cualquiera que falle explica por qué el juego lleva dos años en el clóset.

Que se explique en menos de tres minutos. Si las reglas piden un manual, la mitad de la mesa se distrae antes de empezar y la otra mitad discute cómo se juega.

Que no dependa de leer rápido. Es el filtro que saca a los niños pequeños y a los abuelos al mismo tiempo, y casi nadie lo mira antes de comprar.

Que se pueda entrar y salir. En una casa llena, alguien siempre se va a servir tinto, a atender el teléfono o a sacar a un niño al baño. Un juego que se rompe cuando falta un jugador dura una ronda.

Que dure entre veinte y cuarenta minutos. Menos, no alcanza a agarrar ritmo. Más, y termina cuando ya se aburrieron.

Que no se gane por ser el más competitivo. En familia, ganar importa mucho menos de lo que la gente cree. El que se pone bravo por perder arruina la tarde más rápido que un juego malo.

¿Qué tipos de juego funcionan y con quién?

Tipo de juegoCon quién funcionaCuánto duraQué necesita
De preguntas sobre la familiaTodas las edades juntas30 a 40 minutosUn mazo de cartas
De adivinar con mímicaDesde 5 años20 minutosNada
De palabras habladasDesde 8 años20 a 30 minutosPapel y lápiz
De dibujoDesde 530 minutosPapel y lápiz
CooperativosDesde 840 minutosUn juego de mesa
Clásicos de cartasDesde 7Lo que se quieraUna baraja
De destreza físicaDesde 4, sin abuelos15 minutosEspacio
De estrategia largaAdolescentes y adultosUna hora o másPaciencia

Los dos últimos son los que más se compran y los que peor funcionan cuando la familia está completa: uno excluye por cuerpo y el otro por tiempo.

¿Cuál es el mejor juego para una reunión familiar grande?

El de preguntas sobre la propia familia, y por una razón que no tiene que ver con el juego.

En una reunión de diez o doce personas —el almuerzo de un puente, un cumpleaños, diciembre— la conversación se parte en grupitos: los adultos en la sala, los adolescentes en el celular, los niños en el cuarto. Un juego de preguntas es de los pocos que vuelve a juntar la mesa, porque cada respuesta es una historia y las historias no tienen edad recomendada.

Además resuelve el problema del abuelo que "no juega". Casi todos los mayores dicen que no a un juego de mesa y dicen que sí a contar cómo se conocieron sus papás. Es el mismo juego, presentado distinto.

Un mazo como ¿Conoces a tu Familia? hace exactamente eso: pone la pregunta sobre la mesa para que nadie tenga que proponerla. Si en la casa hay niños y adolescentes en edades muy distintas, el pack familiar de cartas y álbum cubre las dos puntas.

¿Qué juegos funcionan sin comprar nada?

Cuatro, y todos aguantan una tarde entera de lluvia:

  1. Mímica por equipos. Se juega con lo que sea: películas, oficios, animales. El menor de la casa suele ser el mejor.
  2. Veo veo, versión adulta. Con una regla extra: hay que describir sin decir el color. Se pone difícil rápido.
  3. La historia encadenada. Alguien empieza una frase, el siguiente la continúa. Con abuelos incluidos termina en cualquier parte.
  4. Quién dijo qué. Cada uno escribe en un papel algo que le pasó; se revuelven, se leen y se adivina de quién es. Es el que más se recuerda al día siguiente.

Ninguno pide materiales, todos aceptan que la gente entre y salga, y los cuatro se explican en un minuto. Esa es la razón por la que sobreviven a las reuniones de verdad.

¿Cómo se arma la partida para que no se dañe?

Tres decisiones, todas antes de repartir:

  • Que el más chico explique las reglas. Suena raro y funciona: obliga a que las reglas sean simples y le da al niño un papel que no es el de perder.
  • Nada de eliminar jugadores. Un juego donde alguien queda por fuera a los diez minutos deja a esa persona una hora mirando. En familia eso siempre termina mal.
  • Que la partida termine antes de que alguien lo pida. Si el juego se corta cuando todavía dan ganas de seguir, se vuelve a sacar el otro domingo. Si se estira hasta el aburrimiento, no.

Y una que aplica sólo a los días de reunión larga: no saques el juego apenas llegan. La primera hora es para saludarse y comer. El juego funciona después del almuerzo, cuando ya nadie tiene hambre y todavía nadie se quiere ir.

¿Y en los puentes o cuando llueve toda la tarde?

Son justo los días para los que sirve tener un juego a la mano.

Colombia tiene suficientes puentes festivos al año como para que la pregunta "¿y ahora qué hacemos?" aparezca seguido, y la lluvia de la tarde cierra el plan de salir con una frecuencia que ya nadie discute. Un paseo de olla cancelado o una tarde encerrada en el apartamento son el escenario natural de un juego largo.

La diferencia entre esa tarde y una tarde perdida es haber decidido antes. Una caja o un mazo a la vista se usa; uno guardado en el clóset del cuarto de atrás, no.

Si lo que buscan son juegos de cartas específicamente, están comparados en cartas para jugar en familia. Para planes que no son juegos, están las 100 actividades en familia y los 100 planes para hacer con tus hijos. Los formatos que existen para regalar están en juegos para familia y en la colección de familia, niños y jóvenes; y si quieren la versión donde nadie compite contra nadie, eso se llama juego de mesa cooperativo.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el mejor juego para jugar en familia con niños y abuelos juntos?

Los de preguntas sobre la propia familia. No dependen de leer rápido, de la memoria ni de la estrategia, así que un niño de siete años y un abuelo de setenta juegan en igualdad de condiciones. Además convencen a los mayores que suelen decir que no a los juegos de mesa, porque en la práctica se trata de contar historias.

¿Cuánto debe durar un juego en familia?

Entre veinte y cuarenta minutos. Menos no alcanza a agarrar ritmo y más termina cuando la mesa ya se aburrió. Conviene cortar la partida mientras todavía dan ganas de seguir: así el juego se vuelve a sacar el otro domingo.

¿Qué juegos sirven sin comprar nada?

La mímica por equipos, la historia encadenada, el veo veo sin decir el color y el juego de escribir anécdotas en papeles para adivinar de quién son. Los cuatro se explican en un minuto, no piden materiales y aceptan que la gente entre y salga de la partida.

¿Qué hacer con el familiar que se pone bravo cuando pierde?

Elegir juegos que no eliminen jugadores y que no se ganen por competitividad. Un juego donde alguien queda por fuera a los diez minutos deja a esa persona una hora mirando, y en familia eso siempre termina mal. Los cooperativos y los de preguntas evitan el problema de raíz.

¿En qué momento de la reunión conviene sacar el juego?

Después del almuerzo, no al llegar. La primera hora es para saludarse y comer; el juego funciona cuando ya nadie tiene hambre y todavía nadie se quiere ir. Sacarlo apenas llegan compite con la conversación y casi siempre pierde.

Equipo Editorial 100 Aventuras

Redacción

Equipo editorial de 100 Aventuras. Escribimos sobre vida en pareja, familia y regalos que generan una experiencia en vez de un objeto.

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