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Vida en pareja

Libro de aventuras para parejas: cuál elegir para aprovechar los puentes

Un libro de aventuras trae los planes ya decididos, que es justo la parte que más le cuesta a una pareja. Falla cuando todas sus páginas asumen un solo clima y un solo presupuesto: ahí sirve para tres fines de semana y se queda quieto el resto del año.

Equipo Editorial 100 Aventuras13 de agosto de 20268 min de lectura
Pareja sentada en el piso de la sala de un apartamento en Bogotá con un libro de páginas en blanco abierto entre los dos, planeando algo, con dos bicicletas junto a la puerta

Hay un tipo de libro que no se lee: se cumple. Cada página trae una aventura ya escrita, y avanzar en el libro significa haberlas hecho. Quien busca un "libro de aventuras para parejas" rara vez quiere leer algo: quiere quitarse de encima la pregunta que arruina más planes de los que uno cree, que es "¿y qué hacemos?".

El formato resuelve eso bien. La elección del libro es donde casi todos se equivocan.

¿En qué se diferencia de un libro de citas?

En el tamaño de lo que propone.

Un libro de citas propone salidas, y una salida casi siempre implica reservar, desplazarse y gastar. Un libro de aventuras mezcla escalas: hay páginas de quince minutos en la cocina y páginas de puente completo en tierra caliente. Esa mezcla es la que decide si el libro se puede abrir un martes o si hay que esperar a que se alineen tres cosas.

Libro de citasLibro de aventuras
UnidadUna salidaUn reto o una experiencia
Esfuerzo típicoMedio a altoMuy variable
Cuándo se usaFin de semanaCualquier día
Se acaba cuandoSe agotan las citasSe agotan las páginas

Si lo que necesitan es organizar salidas y no variedad, los criterios para escoger están en libro para parejas.

Dentro del formato hay tres presentaciones que se comportan distinto: las de página sellada o raspable, donde el azar elige y desaparece la negociación; las de índice abierto, con más control pero con la tentación permanente de escoger la más fácil; y las de registro, que dejan espacio para anotar fecha y resultado, y terminan sirviendo como álbum de recuerdos cuando ya no quedan páginas.

El calendario de puentes es el mejor aliado y casi ningún libro está escrito para él

Aquí hay una ventaja local que se desaprovecha casi siempre. El año trae una cantidad inusual de lunes festivos, y son las únicas ventanas naturales para las aventuras grandes: salir de la ciudad, dormir fuera, bajar a tierra caliente.

El problema es que la mayoría de los libros no marca cuál página necesita tres días y cuál se resuelve en una tarde. Todo aparece revuelto. Y una aventura de tres días que uno descubre el viernes ya no se puede hacer: para agendarla había que saber con semanas de anticipación que existía.

La solución no exige otro libro. Al recibirlo, léanlo entero una sola vez y marquen las tres o cuatro páginas que necesitan varios días. Esas se apuntan al calendario apenas se sabe qué lunes cae festivo. El resto del libro se sigue usando al azar, como está pensado.

Ese único gesto suele ser la diferencia entre un libro que se termina y uno que se queda en las páginas fáciles.

¿Por qué la mayoría se abandona en las primeras semanas?

Por un error de orden que se repite en libro tras libro: las aventuras vienen acomodadas de menor a mayor emoción, no de menor a mayor esfuerzo. Las primeras páginas son entonces las más llamativas y también las más pesadas.

Lo que sigue es previsible. La pareja estrena el libro con energía, hace dos o tres aventuras grandes seguidas, y de repente el libro solo ofrece cosas que exigen otro fin de semana libre. Ese fin de semana se demora, y cuando llega el libro ya se volvió invisible.

Hay dos causas menos evidentes:

  • El libro asume un solo tipo de pareja. Si buena parte de las páginas necesita carro, casa propia o no tener hijos, esa parte del libro es decorativa.
  • Nadie es el dueño. Cuando los dos esperan que el otro lo abra, no lo abre nadie. Es el mismo mecanismo por el que se apagan los rituales de pareja que nunca tuvieron día fijo.

Un libro escrito para un solo clima sirve la mitad del tiempo

Dos cosas hacen que un libro pierda la mitad de su catálogo sin que uno se dé cuenta al comprarlo.

La primera son las lluvias. Un libro cargado de aventuras al aire libre queda inutilizable justo en los meses en que más falta hace tener algo planeado, porque son los meses en que ningún plan aparece solo. Al hojearlo, revisen si hay páginas bajo techo que no sean apenas "ver una película": cocinar algo que tome toda la tarde, una noche de preguntas, reorganizar juntos un espacio de la casa, un parche de barrio sin salir a la calle.

La segunda es el clima de la ciudad. Un libro traducido suele dar por hecho un verano y un invierno que aquí no existen así. Las páginas de "pícnic en el parque en pleno agosto" funcionan distinto en Bogotá que en Cali o en Cartagena, y un libro que no lo contempla obliga a improvisar la mitad de las veces.

Nada de esto descalifica un libro, pero conviene saberlo antes: si dos tercios de las páginas dependen del sol, es un libro de medio año.

¿Qué revisar al hojearlo antes de comprarlo?

Cinco cosas, en orden:

  1. La proporción entre aventuras chicas y grandes. Si la mayoría pide salir de la ciudad, el libro dura un mes. Busquen uno donde al menos la mitad se pueda hacer en la casa o a diez cuadras.
  2. Que diga cuánto dura cada una. Un libro que indica el tiempo aproximado se usa según la semana que uno tenga; uno que no lo dice obliga a leer la página entera solo para saber si alcanza.
  3. Que se pueda saltar. Los libros con orden obligatorio se atascan en la primera aventura que no aplica.
  4. Que tenga dónde escribir. Sin registro, un año después el libro no distingue lo que hicieron de lo que no.
  5. Que el tono se parezca a ustedes. Un libro muy subido de tono o muy meloso se abandona rápido si la pareja no habla así.

Lo que casi no importa: cuántas páginas trae. Un libro de cien aventuras usado cinco veces vale menos que uno de treinta que se termina.

¿Sirve cuando el plan tiene que ser barato?

Sirve, pero hay que elegirlo con eso en mente y casi nadie lo hace.

Cuenten cuántas páginas se pueden hacer sin gastar nada más que lo que ya hay en la casa. Si son menos de la mitad, el libro solo se va a poder abrir cuando haya plata, y esos días suelen ser también los días que ya tienen plan.

Un buen libro no es el que propone cosas baratas: es el que trae las dos escalas. Sin páginas grandes se vuelve aburrido; sin páginas chicas se vuelve inalcanzable. La ciclovía del domingo, una caminata a un cerro, un paseo de olla, una tarde de cocinar algo lento: media docena de páginas así sostienen el libro los meses en que no hay presupuesto.

¿Cómo se usa para que dure todo el año?

Cuatro costumbres, ninguna complicada:

  • Un día fijo. "Los primeros viernes" convierte el libro en algo que efectivamente pasa. Sin día fijo compite contra el cansancio y pierde siempre.
  • Turnos para abrirlo. Que una vez elija uno y la siguiente el otro reparte la responsabilidad y evita que el libro sea el proyecto de una sola persona.
  • Empezar por las páginas chicas. Contra toda intuición: estrenar el libro con una aventura de veinte minutos hace mucho más probable que haya una segunda vez que estrenarlo con un viaje.
  • Anotar siempre, incluso lo que salió mal. Una aventura que salió pésima y quedó escrita se recuerda con cariño; una que salió bien y no se anotó se olvida.

¿Funciona como regalo?

Bien, y tiene una ventaja sobre casi cualquier objeto: obliga a que quien lo regala aparezca en el uso. Es la lógica del regalo experiencial — lo que se entrega es tiempo compartido, no una cosa que se guarda.

Donde no funciona es como regalo de compromiso, para alguien con quien no se tiene confianza. Un libro que propone actividades íntimas puesto en manos de una pareja que uno apenas conoce se lee como una intromisión, por bien intencionado que sea.

¿Qué hacer si lleva meses cerrado?

Retomarlo no es empezar de nuevo. Tres movimientos, en este orden:

Sáltense lo pendiente. La página donde se quedaron es probablemente la que los detuvo. Ábranlo en cualquier otra.

Bájenle la escala. Elijan la aventura más pequeña que encuentren y háganla esta semana, aunque parezca insignificante. El objetivo no es la aventura: es volver a abrir el libro.

Cámbienlo de lugar. Un libro guardado en la mesa de noche de una sola persona termina siendo de una sola persona. En la sala, a la vista de los dos, se abre bastante más.

Si aun así sigue cerrado, probablemente ese libro no era el indicado y no hay técnica que lo arregle. Antes de comprar otro, miren qué páginas sí hicieron: eso dice más sobre lo que necesitan que cualquier descripción de la contraportada.

Para comparar formatos antes de decidir, están en álbumes para parejas y en juegos para parejas. Y si lo que falta son ideas para llenar un libro propio, la lista de 100 cosas para hacer en pareja sirve como materia prima.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un libro de aventuras para parejas?

Es un libro que no se lee, se cumple: cada página propone una actividad concreta y avanzar significa haberla hecho. Hay de página sellada o raspable, donde el azar elige; de índice abierto, para escoger; y de registro, que dejan espacio para anotar la fecha y qué pasó.

¿En qué se diferencia de un libro de citas?

El libro de citas propone salidas, y una salida casi siempre implica reservar, desplazarse y gastar. El de aventuras mezcla escalas: hay páginas de quince minutos en la cocina y páginas de puente completo. Esa mezcla decide si el libro se puede abrir un martes cualquiera.

¿Cómo aprovechar los puentes con un libro de aventuras?

Al recibirlo, léanlo entero una sola vez y marquen las tres o cuatro páginas que necesitan varios días. Esas se agendan apenas se sabe qué lunes cae festivo. Una aventura de tres días que uno descubre el viernes ya no se puede hacer, y por eso se quedan sin usar las mejores páginas.

¿Cómo elegir uno que no quede abandonado?

Miren la proporción entre aventuras chicas y grandes: si la mayoría pide salir de la ciudad, el libro dura un mes. Conviene también que indique cuánto dura cada una, que se pueda saltar sin orden obligatorio y que tenga espacio para escribir lo que pasó.

¿Sirve si el presupuesto es ajustado?

Sí, siempre que se elija con eso en mente. Cuenten cuántas páginas se pueden hacer con lo que ya hay en la casa: si son menos de la mitad, el libro solo se va a abrir los días en que hay plata, que suelen ser los días que ya tenían plan.

¿Qué hago si el libro lleva meses cerrado?

No lo retomen desde donde quedó: esa página es probablemente la que los detuvo. Ábranlo en otra, elijan la aventura más pequeña que encuentren y háganla esta semana. Y cámbienlo de lugar, porque un libro guardado en la mesa de noche de una sola persona termina siendo de una sola persona.

Equipo Editorial 100 Aventuras

Redacción

Equipo editorial de 100 Aventuras. Escribimos sobre vida en pareja, familia y regalos que generan una experiencia en vez de un objeto.

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